Muerte súbita

En España se producen 30 000 casos de muerte súbita cada año y varios millones en todo el mundo. En el 80 % de los casos se produce en personas mayores de 35 años con alguna patología cardíaca previa y la principal causa es la cardiopatía isquémica, ocasionada por la obstrucción de las arterias coronarias. Obesidad, hipercolesterolemia, diabetes, hipertensión arterial, tabaquismo y sedentarismo son los principales factores de riesgo de esta afectación letal.

La máquina perfecta, que a veces falla

El corazón no necesita ningún impulso externo para latir. Gracias a su diseño natural, como si fuera surgido de la mejor escuela de ingeniería, es capaz de generar miles de latidos en un solo día, unos tres mil millones a lo largo de la vida. Lo hace de forma coordinada, sincrónica. El mismo proceso minucioso se repite una y otra vez sin perder el compás. Dividido en cuatro cavidades, dos aurículas en la parte superior y dos ventrículos en la inferior, el corazón es el motor de nuestro cuerpo.

Pero cuando el impulso eléctrico no se hace correctamente, pueden producirse las arritmias. Se deben a un desajuste del ritmo cardíaco, ya sea por ralentización o aceleración. Una de las arritmias más frecuentes és la fibrilación auricular, un desorden en la actividad eléctrica de las aurícules, que pierden su capacidad de contracción. En la fibrilación auricular la función de bombeo del corazón no se ve afectada de forma grave, pero este desorden aumenta las probabilidades de generar coágulos en la sangre que, si se desplazan del corazón al cerebro, pueden causar un accidente cerebrovascular. Es lo que conocemos como ictus.

La arítmia más grave és la fibrilación ventricular. Cuando la fibrilación tiene lugar en las cámaras bajas del corazón, en los ventrículos, el riesgo es mucho mayor, porque los ventrículos juegan un papel fundamental en la misión de repartir la sangre y el oxígeno por todo el organismo. El izquierdo solo realiza el 80 % del trabajo. Cuando el ritmo cardíaco se vuelve caótico, la contracción no se origina y la sangre oxigenada no puede ser bombeada. Si el cerebro permanece tan solo diez segundos sin esta aportación de oxígeno, la persona se desmaya, y es en este preciso momento cuando se inicia la muerte súbita. Recuperar el ritmo cardíaco en menos de diez minutos es vital para la supervivencia, y cada minuto que pasa se pierde una décima parte de las posibilidades de recuperar la vida.

¿Por qué? ¡Si estaba sano!

A menudo la muerte súbita se da en personas aparentemente sanas, y muchas veces en gente joven, pero que en silencio sufren alguna de las patologías congénitas que la provocan.

Afortunadamente, la investigación en estas enfermedades ha permitido descubrir cientos de genes asociados a la muerte súbita y se están obteniendo grandes avances en el diagnóstico y la prevención gracias al desarrollo de herramientas de diagnóstico genético que permiten realizar estudios en víctimas y familiares de afectados por la muerte súbita.  Todos los resultados obtenidos son, como imaginarás, un material muy valioso para poder avanzar en el conocimiento y mejorar las medidas de prevención y los tratamientos.